Crónicas de Placer: La mujer de mi cuñado

Jueves 20 de Diciembre de 2012 12:49 salome69.2010@gmail.com
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Esta historia es muy reciente, puede ser la de cualquiera, pero es la mía propia, inesperada, pero intensa e interesante, ocurrió en octubre del 2012. Me llamo Roberto. Soy casado con Marta y tengo dos niños Marvin de 7 años y Karla de 3 años, tengo una vida muy feliz con mi esposa y toda la familia.
Por otra parte mi esposa tiene un hermano y está casado con Leydi y tienen una niña, Gabriela, y viven en una casa con mucho espacio alrededor de la misma con un patio amplio y muchos árboles, realmente una casa muy bonita. Tengo una excelente relación con mi cuñado, su esposa e hija, específicamente a su esposa siempre la he encontrado una muchacha muy linda y atractiva pero sólo eso, nunca me he imaginado ninguna situación con mi cuñada en primer lugar por el respeto enorme a mi esposa, su familia en general y en particular a mi cuñado, creo que su esposa nunca ha podido mirarme tampoco con otros ojos que no sean los de amigo o familia, porque por otra parte soy 16 años mayor que ella, más bien soy rellenito y con 54 años, ya el paso de los años se siente en mi cuerpo y no creo que le pueda ser en nada atractivo a Leydi.
Resulta que hace poco me fue necesario una vez más viajar a la capital del país como parte de mi trabajo en la empresa y debía permanecer por dos noches allí. El día del viaje fui a las oficinas donde debía trabajar y comencé con mi labor allí, sólo viaje a casa de mi cuñado cerca de las 4 de la tarde para descansar, comer, dormir y volver al día siguiente.
Cuando me bajé del autobús vi a la esposa de mi cuñado cortando la hierba del patio de la casa, por un momento dejó su trabajo y vino hasta mi para saludarme también con un fuerte abrazo y un beso e inmediatamente se puso a hacer café para los dos, tan pronto tomé café le pedí que me dejara terminar el trabajo de cortar la hierba, me despojé de mi ropa de oficina y me puse un short quedé sin camisa y salí a limpiar el patio, mientras trabajaba me di cuenta que Leydi me miraba, entonces entré al baño me bañé y salí fresco y oloroso del baño, Leydi me dijo, Roberto que olor más rico tienes, yo tomé como un cumplido.
Horas más tarde tenía problemas para conciliar el sueño "no tienes sueño" me dijo. Respondí que no. En ese instante y sin ninguna mala intención le dije si quería un pequeño masaje en los hombros para que se relajara un poco. Entonces nos fuimos a la cocina y con las yemas de mis dedos empecé a masajear ligeramente en círculos el cuero cabelludo debajo del abundante pelo de la esposa de mi cuñado y aunque debo confesar que en ese momento sentí mucho agrado por hacerlo y mi estómago temblaba como un niño no estaba pensando aún en que fuera a pasar nada extraordinario con la esposa de mi cuñado.
Empecé con un masaje en la espalda, luego le pedí voltearse en el sofá para masajear sus pies, cuando se volteó comencé por masajear varios minutos más toda su espalda, para entonces yo estaba dando masaje a sus piernas por ambas caras y subía por las caras internas de sus muslos subiéndolas por debajo de su short hasta pasar ligeramente cerca de sus labios vaginales.
Con un movimiento casi profesional estaba mi cuñada totalmente desnuda acostada en el sofá de su casa y por unos milisegundos me detuve a contemplar su belleza. En un movimiento acerqué mis dedos a su vagina y ella sólo gimió. Acerqué mi lengua a su clítoris y penetraba ligeramente en su vagina.
Me acosté en la cama a su lado y ella se sentó sobre mi, metió sus manos en mi short y sacó mi pene, guiándolo con una mano hacia la entrada de su vagina, y cuando lo tuvo todo dentro me dijo, Roberto nunca había tenido una cosa tan gorda en mi vagina y en esa posición comenzó a moverse lentamente primero girando sus caderas, después separándose y aproximándose a mi cuerpo y después de una manera más intensa haciendo ambas cosas a la vez, así estuvo moviéndose por unos minutos, no se cuantos, yo decidí levantar un tanto mi cuerpo y aproximarme al suyo y comencé a chupar sus pezones en tanto ella seguía con su movimiento, rotando sus caderas y subiendo y bajando para que la herramienta entrara y saliera, esos movimientos para entonces se hacían más rítmicos y dinámicos al estar en aquella situación tan agradable para mi, la esposa de mi cuñado clavada por mi hasta lo último y besándole aquellos pezones tan ricos, sentí que desde lo más profundo de mi, un torrente de líquido viajaba hasta el extremo de mi  y sólo logré decirle Leydi te voy a echar la leche te la voy a echar, que rico, que rico y ella me dijo hay papi no me digas eso que me voy a venir otra vez, hay Roberto me estoy corriendo otra vez, ay que ricooo, que rico y nuestras contracciones se unieron en una sola o asumieron el mismo ritmo de forma tal que los dos éramos puro placer, al terminar ella se dejó caer sobre mi y me dijo ahora sólo necesito dormir abrazada a ti.
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