El que la busca... La encuentra Policia Policía Crónicas de Placer: ESPÍA EN LA DUCHA

Crónicas de Placer: ESPÍA EN LA DUCHA

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Hacía rato que necesitaba un buen baño para relajarme. Me quité la ropa de encima de cualquier manera y me metí en la bañera ya casi llena y con el agua bien caliente.
Me encanta el vaho que se desprende, aunque dejo siempre la ventanita que da al patio interior del edificio medio abierta para evitar que ahora que hace buen tiempo se acumule demasiado calor dentro.
Antes evitaba hacerlo ya que la ventana que comunicaba con la mía era de otro piso con estudiantes, y tenían por costumbre intentar espiar lo que hacíamos mi novio y yo en la ducha. Al final ya me cansé un poco, y decidí poner una cortinita para tener un poco más de intimidad.
Ahora se había mudado al piso una familia al completo: padre, madre y dos hijos ya bastante creciditos (unos 13 la niña y unos 17 el niño). Como ya me sentía más cómoda en muchas ocasiones no corría ya la cortina, o dejaba la ventana medio abierta sin problemas.
La sorpresa vino cuando descubrí que el "padre de familia" también se sentía muy a gusto observando al principio disimuladamente y más tarde sin ningún tipo de disimulo mis actividades en el baño.
Fingí no fijarme en su presencia pero la notaba perfectamente. Ese día pues, volvía a estar ahí, sin llegar a sacar la cabeza por la ventana y dejando la luz del interior de su cuarto de baño apagada para que nadie más descubriera sus aficiones ocultas.
Al meterme en la bañera le perdí de vista. Me relajé, estiré bien las piernas y eché las sales de baño que tenía preparadas. Me enjaboné bien todo el cuerpo, masajeando cada parte, y jugando con la espuma.
De pronto, cuando un buen rato había transcurrido ya, me vino la imagen del vecino a la cabeza. Sentí curiosidad y me levanté, dejándome al descubierto y aún con un poco de espuma esparcida por pechos y brazos.
Me encontré con que desde el otro lado la luz del baño estaba encendida y mi vecino estaba en la ducha, con la puerta corredera a un lado y tomando su pene con fuerza, fregándola con sus manos.
Se notaba que el placer debía de ser enorme, y me fijé mejor en él. Para ser un hombre de su edad no estaba nada mal, ya no tenía el vientre plano y firme como el que debió de haber tenido de más joven.
Continuaba teniendo una buena mata de pelo en la cabeza, e incluso las canas le daban un aire más sexy del que tendría si hubiera decidido teñirse el pelo. Estaba bastante moreno, y pensé que seguramente debía de ir a playa nudista porque no se veían marcas de bañador en su piel. Los brazos y piernas, fuertes, en forma.
Salí de casa, pulsé el botón del ascensor. Oí un chirrido. Me giré, aunque demasiado tarde. Mi vecino ya estaba justo detrás de mí. "El ascensor no funciona, y son muchos pisos para bajar. Lo mejor esta noche sería quedarse aquí." Y seguidamente su mano se deslizó debajo de mi falda.
No le costó mucho llegar, además la tela era muy fina, fácil de levantar, y el único obstáculo que encontró fue la tanga que apartó para introducir sus dedos directamente dentro de mí.

"Mi mujer y mi hija están fuera, en casa de los abuelos. Mi hijo se ha quedado por exámenes. Nadie nos molestará. Entra"
Yo estaba ya completamente mojada, sin saber que hacer. Sí, debía llamar. Decir que no iba. ¿Pero qué iba a pasar? Por un lado me daba miedo entrar en la casa de ese hombre, desconocido se podría decir, y por la otra no podía negarme…me tenía atada.
Sabía que iba a ir con él, y sabía que nadie debía saber lo que sucedería allí. Por su bien y por el mío.
Me subió, yo le rodeé con mis piernas, y mientras con una mano abría la puerta de su casa (que había dejado entreabierta) con la otra seguía explorándome con los dedos y comprobando por mi cara, mis gemidos ahogados para evitar el escándalo y mi sexo húmedo.
Teniéndome para él sin necesidad de esfuerzo alguno, que estaba deseando que me tuviera toda la noche para él, e hiciera conmigo lo que quisiera.
Me llevó a su recamará y abrió mis piernas para que su boca se hundiera, era un placer excesivo, lo tomé a la fuerza y lo aventé a la cama desnudándolo por completo y él dejaba que mi lengua hiciera todo el trabaja.
No aguante más y le pedí que estuviera dentro de mi, yo subía y bajaba, solo podía sentir mis pechos que saltaban por la fuerza en que me sometía, era un animal, un animal maduro el que había elegido y yo era su yegua, su yegua salvaje a la que tendría en su disposición cuando así lo deseara de ahora en adelante.
Tengo más que contarles con mi vecinito maduro, pero ya tendré la oportunidad, ahora es tiempo de irme a la ducha para recordar esos momentos de placer.
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