Crónicas de Placer: El divorcio

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El solo me llama cuando acaba de terminar con alguien o está deprimido y necesita a una amiga que no solo lo escuche, sino que lo satisfaga sexualmente. Nuestra relación es así, poco convencional. Enrique está casado hace muchos años y hace cuatro somos amantes ocasionales. Sin embargo, recientemente escuché que tenía problemas con su esposa y que estaban separados, aunque desde mi llegada al departamento no le pregunté nada al respecto, solo nos dedicamos a hacer el amor.
En cuanto entré a la habitación me comió a besos, me abrazaba, como que no quería dejarme ir; ya habíamos hecho el amor dos veces cuando le dije que tenía que irme. "Una amiga me está esperando", le dije. El hace oídos sordos, me besa más intensamente. No se de donde saca fuerzas si ya me ha hecho acabar varias veces en tres horas, es un hombre de mucho aguante, de mucha experiencia.
Me recorre mi abdomen con su boca. Toma una toalla y me limpia la entrada de mi ardiente vagina y se dedica a c huparla, me hunde su lengua, la mete y saca como si fuera su pene. Me la recorre de arriba abajo dedicándole una buena succión a mi clítoris, sacándome alaridos con mi nuevo orgasmo.
Mi cuerpo se estremece todo, siento que voy a desfallecer, me agarro fuerte de las sábanas. El se coloca en medio mío apuntando su miembro en la entrada de mi vagina. Me toma de la cintura con un brazo y me pega hacia él mientras poco a poco me va clavando su sexo. Comienza el vaivén de sus fuertes penetradas. Yo abro más mis piernas para que él se acomode bien. Tengo mi vagina tan mojada que su gran falo entra como cuchillo a la mantequilla, se resbala ricamente hasta lo más profundo de mi ser, esto me tiene delirando, estoy disfrutando como si fuera la primer vez que nos vemos.
Yo le tomo el ritmo a sus penetradas y acciono mis músculos vaginales para darle una mejor sensación de disfrute a su sexo, que sienta como si le halara la piel con mis manos para dejarle al descubierto su gran cabeza, que en ese momento me taladra mi vagina. Estoy disfrutando a más no poder; en este momento quedan en el olvido mis demás amantes.
Mi cuerpo entró en convulsiones en medio de una nueva descarga de semen. Quedé tendida en la cama, sin fuerzas, con él encima terminando su descarga, con un mete saca rápido; todavía tenía fuerzas. "Ya, ya no aguanto, me siento cansada. ¿Pero que te pasa hoy? vienes con muchas más ganas que siempre", pregunté. No me quiso contestar, se quedó apoyado en sus brazos conmigo debajo y su pene metido en mi vagina.
Se mueve encima mío pero su pene ya está un poco más pequeño, después de unas cinco penetradas se sale de mi vagina, a la cual le sale un pequeño hilo de semen. Suena el timbre de la casa y se sobresalta. Me asusto pensando que pueda ser su esposa que está de regreso en su casa, no tengo ánimo de levantarme y esconderme en el baño y limpiarme para irme.
El sale a revisar la puerta y al rato lo escucho conversando con un hombre. Cerró la puerta y entró a la habitación. Yo todavía estoy desnuda en la cama con mi vagina mojada de semen. El se sienta al lado y comienza a leer lo que contenía un sobre que le habían entregado en la puerta, era de parte de un abogado y un sobre cerrado. El me dice triste: "Lo que me faltaba, ahora si que es en serio".
Me siento en la cama y me da a leer el documento del abogado. Era la demanda de divorcio que presentaba su esposa. "No lo puedo creer, ¿por qué esta decisión de parte de ella'", pregunto. "No sé que pasó. Ahí me envía una nota aparte", me dice. Tomo la nota. En ella le explica el porqué del divorcio, tenía un nuevo amor y no estaba interesada en regresar con él. Decía que llevaba una vida sexual satisfactoria con él. Ella se la había echo bien. Tenía que firmar el divorcio y lo dejaba en paz, sino lo echaba de la casa.
Muy triste, él se acuesta y yo le comienzo a hacer sexo oral para que se le olvide de este momento, pero por lo mucho que lo intenté, nunca se le volvió a parar. Estaba bloqueado. Le puse mis pechos en su boca y me los chupó poco. Le puse mi vagina en su cara para que me la chupara y tampoco. No hubo manera. Se sentó recostado en la cama y me le senté de costado y lo abracé y se le salían las lágrimas. No podía creer que su esposa lo había dejado por otro hombre. A mi también me parecía increíble. El era un magnifico hombre en la cama, tenía aguante, no eyaculaba inmediatamente, se controlaba muy bien, su sexo era increíble. Los dos estábamos ahí desnudos en la cama, incrédulos de lo que pasaba.
Me levanto y me meto al baño, me pongo la ropa para seguir donde mi amiga. Ya repuesta salí a la habitación, ahí estaba él desnudo en la cama. Me inclino a darle un beso. El se pone de pie y me abraza a su desnudo cuerpo; ahora su miembro no reaccionaba a estas caricias. Me marcho dejándolo abatido, pero después de haber disfrutado como nunca.
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